domingo, 5 de julio de 2026

Sobre el comunismo:Página57

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Capítulo 9: EL PROCESO DE LA REVOLUCIÓN DESARMADA

4. Impulsad el proceso del periodo de transición.

4.1. Preparación para el proceso de la fase de transición

La misión principal de la Comisión de Transición Revolucionaria (Comisión de Transición) es impulsar el proceso del periodo de transición hacia la apertura de una sociedad comunista. Durante este periodo, es de esperar que surjan las turbulencias políticas y económicas que a menudo acompañan a las revoluciones. La manera en que se logre acortar este periodo determinará el éxito o el fracaso de la revolución.

Como orientación general, es deseable completar el periodo de transición en un plazo de 3 a 5 años. Para hacerlo posible, es necesario debatir previamente sobre el periodo de transición en el seno de la Convención de los Comunes y realizar preparativos y planes minuciosos.

A continuación, se enumeran los pasos de transición más importantes. No obstante, dado que el plan de transición económica constituirá la parte más importante y compleja de este periodo, lo abordaré específicamente en el próximo artículo.


4.2. Redacción de la Carta inicial (constitución)

Como se señaló en el capítulo anterior, la Comisión de Transición debe aspirar a establecer un sistema constitucional lo antes posible; sin embargo, dado que resulta difícil instaurar rápidamente un sistema constitucional en medio de una revolución a gran escala, es necesario abordar este proceso por separado.

Al utilizar aquí el término "constitución", debemos tener cuidado de distinguirlo de la constitución tal como la conocemos hoy en día. La constitución convencional posee las características de una ley fundamental del Estado que determina la estructura estatal. En cambio, en una sociedad comunista —como se ha reiterado— el Estado queda abolido; por consiguiente, la constitución no puede ser la ley básica del "Estado".

En su lugar, la constitución pasa a constituir el conjunto de normas que determinan cómo la población debe gestionar la sociedad; dichas normas se expresan bajo la forma de la "Carta de la Convención de los Comunes" (en adelante, denominada simplemente "la Carta").

La promulgación de esta Carta conlleva dos procesos. El primero corresponde a la "Carta inicial", propia de la etapa más temprana de la sociedad comunista —una "sociedad comunista recién nacida", por así decirlo—, mientras que el segundo corresponde a la "Carta completa", propia de la sociedad comunista madura que sucede a esa fase inicial.

Inmediatamente después de la revolución, la Convención los Comunes establecerá  un «Comité de Redacción de la Carta» encargado de elaborar la Carta inicial. Este comité, en colaboración con la Convención Mundial los Comunes —que también actúa como sede de las Convenciones de Comunes de todo el mundo—, utilizará la Carta vigente de la Convención Mundial los Comunes como base jurídica y llevará a cabo el proceso de transición para formular un proyecto de Carta adecuado.

Asimismo, bajo el sistema de la Convención de los Comunes, las convenciones locales de cada zona tienen la facultad de promulgar sus propias Cartas, siempre que se ajusten al marco de la Carta zonal; de este modo, las convenciones locales de todos los niveles pueden proceder a la redacción de sus respectivas Cartas.


4.3. Establecimiento de un régimen republicano

En relación con las cuestiones constitucionales, la elección del régimen político —que constituye en sí misma una cuestión constitucional— reviste gran importancia. Un sistema político comunista es, por esencia, una república; el sistema de la «Convención de los Comunes» exige la transición hacia un «régimen republicano de los Comunes», en el que el propio pueblo gobierna a través de dichas convenciones, en lugar de delegar la administración en un presidente o en otro alto administrador.

Tal régimen republicano de los Comunes es incompatible con una monarquía o con cualquier otra forma de régimen hereditario. Esta cuestión guarda relación con la existencia y la abolición de aquellas monarquías que han perdido su autoridad política y se han convertido en instituciones simbólicas (monarquías simbólicas), incluido el sistema del emperador simbólico de Japón.

En conclusión, la monarquía simbólica será inevitablemente abolida tras la revolución comunista. No obstante, es preciso analizar detenidamente el significado de dicha «abolición».

En otras palabras, lo que se «abole» aquí es la monarquía como sistema político. Esto debe distinguirse de la cuestión de si debe o no suprimirse la propia familia real.

Por supuesto, la república más radical exigiría la abolición de la propia familia real. Históricamente, cuando una monarquía era derrocada por un levantamiento popular, se disolvía a toda la familia real, lo que a veces conducía a la ejecución del monarca (como ocurrió en las revoluciones francesa y rusa).

Sin embargo, tales sucesos se basaban en el odio del pueblo hacia las monarquías autocráticas; las monarquías simbólicas que hace tiempo perdieron su autoridad política no suelen ser objeto de ese odio popular. La disolución de la familia real en una monarquía simbólica —y mucho menos la ejecución del monarca— solo despertaría la simpatía de la población y podría provocar un levantamiento contrarrevolucionario entre los partidarios de la monarquía.

Por consiguiente, al abordar la abolición de la monarquía simbólica, en lugar de adoptar la política radical de suprimir también a la familia real, resultaría más sensato optar por una política parcial: abolir la monarquía pero mantener a la familia real.

No obstante, la continuidad de la familia real implica únicamente permitir que se conserve el título ceremonial de sus miembros, sin que ello conlleve privilegio alguno. Así pues, no solo se suprimirán los departamentos de administración interna —como la Casa Real—, sino que se alentará a los miembros de la familia real a convertirse en ciudadanos comunes.


4.4. Defensa revolucionaria

Dado que el periodo de transición es también una etapa en la que surgen movimientos contrarrevolucionarios de diversas formas, establecer la defensa del sistema revolucionario como una misión de la propia Comisión de Transición se convierte en una política importante durante dicho periodo. En lo que respecta a esta defensa de la revolución, cabe distinguir entre medidas internas y externas.

(a) Medidas internas

A lo largo de la historia, las medidas internas de defensa revolucionaria han servido a menudo como símbolo de violaciones de los derechos humanos, generando una imagen de temor hacia la revolución. En particular, debe evitarse la creación de una policía política secreta cuyo objetivo directo sea defender la revolución, ya que ello crea un caldo de cultivo para las violaciones de los derechos humanos.

Por tanto, en lugar de depender de la policía política para la defensa revolucionaria, debemos establecer una organización de defensa revolucionaria de base, con el propósito de concienciar activamente a la sociedad sobre el significado de la revolución e involucrar a la población en la labor revolucionaria. Se trata, en concreto, del Enlace para la Defensa de la Revolución (EDR, por sus siglas en inglés).

En otras palabras, no nos limitamos a una defensa revolucionaria pasiva —como la recopilación de información y la vigilancia de los movimientos de grupos e individuos sospechosos de participar en actividades contrarrevolucionarias—, sino que también debemos difundir activamente información sobre las políticas revolucionarias en la región y establecer relaciones con las Convenciones de los Comunes. Además, se trata de una organización integral de defensa revolucionaria que también lleva a cabo labores de concienciación y divulgación dirigidas al público en general.

Para ello, el EDR cuenta con miembros del personal (mediadores) encargados de facilitar información sobre las políticas revolucionarias y establecer relaciones en la región; personal (divulgadores) responsable de concienciar a la opinión pública sobre la revolución a través de Internet y otros medios de información; y agentes que recopilan información y vigilan los movimientos relacionados con actividades contrarrevolucionarias. *

La defensa revolucionaria a través de una organización civil inclusiva de este tipo permite también evitar medidas drásticas, como las purgas masivas, que han sido una característica habitual de revoluciones históricas anteriores. Como se explicará más adelante, durante el periodo de transición aún persiste la antigua estructura gubernamental; por tanto, es necesario mantener a los funcionarios públicos en general por el momento, bastando con destituir individualmente a aquellos funcionarios que participen claramente en actos de sabotaje contrarrevolucionario.

No obstante, en aquellos países donde el ejército ejerce una fuerte influencia política, se requiere cierto grado de vigilancia ante un posible golpe militar contrarrevolucionario. Con este fin, es necesario asignar un oficial veterano que comprenda la revolución al adjunto que trabaja a las órdenes del Comisionado de Transición encargado de las cuestiones de paz —quien controla al ejército— y esforzarse por integrar a los oficiales de rango medio e inferior en el sistema revolucionario.

*Dado que los miembros de la EDR requieren una convicción especialmente firme en la defensa de la revolución, su reclutamiento se realiza mediante la selección de candidatos idóneos en lugar de una convocatoria abierta.

(b) Medidas diplomáticas

Históricamente, muchas revoluciones han sufrido la injerencia de países extranjeros temerosos de su propagación, lo que a menudo conduce a la guerra. Por consiguiente, resulta esencial adoptar medidas diplomáticas para defender la revolución.

Un aspecto clave en este sentido es la organización transnacional de las «Convenciones de los Comunes». La revolución comunista será, en última instancia, la primera de una serie de revoluciones (revoluciones en cadena o «efecto dominó») que se extenderán por todo el mundo para derrotar la injerencia de fuerzas extranjeras contrarrevolucionarias y culminar su proceso. Estas revoluciones en cadena —que abordaré nuevamente en el próximo capítulo— no constituyen meras «exportaciones de la revolución», sino una ola revolucionaria de alcance global.

En este sentido, la esencia de la defensa revolucionaria en el ámbito diplomático —distinta de la diplomacia técnica en sí misma— radica en la solidaridad transnacional de las Convenciones de los Comunes; es decir, en la existencia de la Convención Mundial de los Comunes. Por esta razón, las revoluciones no son procesos unilaterales: es necesario promover la creación de la Mancomunidad Mundial desde el principio.


4.5. Plan de transición económica

La transición de una economía capitalista —u otro sistema de economía de mercado— a una economía planificada comunista constituye el acontecimiento más importante y complejo del periodo de transición, por lo que debe guiarse mediante una "planificación" cuidadosa. Abordaré esta cuestión más adelante, tal como se anunció al principio.


4.6. Administración de transición

Si bien el Estado queda abolido en una sociedad comunista, durante el periodo de transición persisten las antiguas estructuras gubernamentales, tanto a nivel central como local.

En esta etapa, la Comisión de Transición Revolucionaria asumirá la responsabilidad de cada ámbito administrativo del gobierno central; por su parte, los ministerios principales continuarán desempeñando sus funciones administrativas provisionalmente, al tiempo que inician los preparativos para transformarse en centros de análisis y formulación de políticas.

En cuanto a la administración local, y conforme a una ordenanza especial emitida por la Comisión de Transición, se procederá a la destitución inmediata y simultánea de los dirigentes y concejales restantes de todos los gobiernos locales. Asimismo, las antiguas administraciones locales de gran extensión territorial —como las prefecturas— pasarán a depender de la Convención Provisional de los Comunes de la Prefectura. Dicha Convención trabajará para lograr la integración en el ámbito provincial mediante el nombramiento de "comisionados administrativos provisionales" (equivalentes a gobernadores) y "comisionados administrativos provisionales adjuntos" (equivalentes a vicegobernadores).

Por otro lado, en el caso de los municipios, la Convención Provisional de los Comunes del Municipio asumirá de inmediato el control de la administración municipal. Provisionalmente, el presidente de dicha Convención asumirá también el cargo de alcalde y llevará a cabo las labores de reorganización para la transición hacia comunas y áreas regionales de estilo comunista.


4.7. Promoción del plan de abolición de las fuerzas armadas

Un aspecto que requiere atención en la administración de transición es el manejo de las fuerzas armadas (incluidas aquellas organizaciones armadas equivalentes a las militares). En una sociedad comunista, el ejército permanente acabará siendo abolido; sin embargo, esto solo puede llevarse a cabo sobre la base del derecho internacional (tratados). Por tanto, hasta que llegue ese momento, es necesario mantener las fuerzas armadas integrándolas al sistema revolucionario. No obstante, durante el periodo de transición, es preciso avanzar en planes de desarme total —y no meramente de reducción de armamento— con miras a la futura abolición de los ejércitos permanentes.

La modalidad y la escala de este proceso se determinarán estratégicamente, teniendo en cuenta la situación interna e internacional respecto a la posible injerencia armada de países contrarrevolucionarios y a los golpes de Estado contrarrevolucionarios gestados desde el propio seno de las fuerzas armadas. A tal efecto, resulta fundamental que el Comisionado de Transición encargado de las cuestiones de paz  —quien tiene a su cargo la abolición de las fuerzas armadas— asuma el liderazgo de esta iniciativa.

Cabe señalar que muchas de las capacidades militares acumuladas pueden aplicarse a operaciones de rescate avanzado en casos de desastres a gran escala, entre otras situaciones; por ello, resulta beneficioso reorganizar parcialmente dichas fuerzas en equipos de rescate avanzado que cubran todo el territorio o áreas extensas.


4.8. Sistema de justicia transitoria

Durante el período de transición, también se iniciará la creación de un nuevo sistema judicial que no se base en los sistemas policial y de tribunales, tal como se analiza en el Capítulo 4.

Sin embargo, dado que el poder judicial participa en el mantenimiento del orden y es un área clave para la defensa de la revolución, debemos proceder con cautela, adoptando medidas transitorias y de emergencia para evitar confusiones. Por lo tanto, el nuevo sistema judicial debe implementarse con suficiente antelación para que coincida con la entrada en vigor de la Carta inicial.


4.9. Implementación del examen de licencia de delegados

Las Convenciones de los Comunes en cada nivel durante el período de transición aún son provisionales, y las Convenciones de los Comunes formales, integradas por delegados con licencia, se convocarán inmediatamente después de la promulgación y entrada en vigor de la Carta inicial. Para ello, es necesario establecer un examen de licencia de delegados al inicio del período de transición y realizar el primer examen antes de que se complete el borrador de la Carta inicial.


4.10. Convocatoria de la Convención Constituyente de los Comunes

Una vez finalizado el borrador inicial de la Carta, se constituirá y convocará la Convención Constituyente de los Comunes. Los delegados de dicha Convención se seleccionarán de entre los titulares de licencias que hayan aprobado el examen unificado de representación, al igual que en la Convención oficial de los Comunes. Con la convocatoria de la Convención Constituyente de los Comunes, se disolverá la anterior Asamblea General de la Convención de los Comunes.


4.11. Aprobación y entrada en vigor de la Carta inicial

Una vez que el proceso de la fase de transición antes mencionada esté próximo a concluir, se iniciará el proceso definitivo para establecer una Carta inicial. Aunque cabe contemplar diversos métodos, el siguiente se considera el más exhaustivo y eficiente.

Tras la presentación del borrador de la Carta —elaborado por el Comité de Redacción de la Carta ya citado— ante la Convención Constituyente de los Comunes y su aprobación por mayoría, el texto deberá ser ratificado también por mayoría en dos tercios o más de las Convenciones provisionales de los Comunes en cada nivel de las áreas locales.

Como su nombre indica, la Carta inicial tiene carácter preliminar y marcadamente provisional, por lo que es posible que no sea necesaria una votación directa de la ciudadanía en esta etapa. De este modo, el periodo de transición concluirá con la promulgación y entrada en vigor de la Carta inicial.



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lunes, 8 de junio de 2026

Sobre el comunismo:Página56

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Capítulo 9: EL PROCESO DE LA REVOLUCIÓN DESARMADA

3. Establecer un sistema revolucionario.

3.1. Levantamiento de la situación de contrapoder

Tras establecer la situación de contrapoder entre la Revolucionaria Convención Revolucionaria de los Comunes y el gobierno vigente, el periodo hasta que se levante dicha situación y se establezca un sistema revolucionario pleno constituye el punto culminante del proceso revolucionario.

Dado que una revolución basada en el no-voto colectivo es esencialmente una revolución desarmada, primero debemos lograr una transferencia pacífica del poder mediante negociaciones con el antiguo régimen restante. Sería eficaz organizar manifestaciones callejeras para presionar al antiguo régimen; de hecho, sin esta expresión de la voluntad popular, el antiguo régimen podría no aceptar a la Convención de los Comunes como interlocutor en las negociaciones.

En este punto, el antiguo régimen podría intentar movilizar a la policía y al ejército para sofocar el proceso revolucionario. Si esto ocurre, surgirá una situación similar a una revolución de tipo levantamiento popular. No deseo que esto suceda, pero si se produjera tal situación, no sería conveniente provocar a la policía ni al ejército. Esto se debe a que, mientras se trate de una revolución pacífica, no existe poder alguno para oponerse directamente al abrumador poderío militar.

Por lo tanto, incluso si el antiguo régimen se niega rotundamente a entregar el poder, no se debe recurrir a la toma del poder mediante el uso directo de la fuerza. En cambio, para impedir que el antiguo régimen movilice eficazmente a la policía y al ejército, es conveniente infiltrarse en los rangos intermedios de ambas instituciones durante el movimiento revolucionario y colaborar para establecer un sistema revolucionario en la etapa final de la revolución.

Cabe mencionar que, en caso de una revolución derivada de la disolución voluntaria del Partido Comunista, sería posible evitar todos los procesos engorrosos descritos anteriormente; pero si el Partido Comunista se resiste firmemente a la disolución voluntaria, sería necesario seguir dicho proceso.


3.2. Sistema transitorio de poder concentrado

Una vez establecido con éxito el sistema revolucionario, la estructura de la Convención de los Comunes emergerá de su estado inicial. En primer lugar, se convocará la Asamblea General de la Convención de los Comunes (en adelante, la "Asamblea General") como órgano representativo provisional. Este órgano también tendrá carácter administrativo provisional hasta el establecimiento de las Convenciones de los Comunes zonales en un futuro próximo.

Para garantizar la capacidad de tomar decisiones rápidas, la Asamblea General comenzará con una estructura relativamente pequeña, compuesta por un máximo de 200 delegados. Los delegados a la Asamblea General serán elegidos por sorteo entre los miembros prerrevolucionarios de la Convención de los Comunes, abogados y otras personas con las cualificaciones profesionales requeridas, y su mandato será de un año (con posibilidad de reelección).

Tras la aprobación de la «Declaración Revolucionaria» y la abolición de la constitución vigente por la Asamblea General, se elegirá la «Comisión de Transición Revolucionaria» (en adelante, la Comisión de Transición). Si bien la Comisión de Transición constituye un órgano central revolucionario transitorio, su carácter es similar al del actual Gabinete. Sin embargo, para evitar política de jefes, la Comisión de Transición no contará con un cargo directivo como la presidencia, y se regirá íntegramente por un sistema colegiado.

Los miembros de la Comisión de Transición (en adelante, Comisionados de Transición) son designados por la propia Asamblea General de entre sus delegados para cada ámbito de competencia, pero sus áreas de responsabilidad no tienen por qué corresponder a los ministerios y organismos del gobierno anterior; no están adscritos de forma permanente a ningún ministerio ni organismo. En esta etapa, cada uno de los ministerios y organismos restantes contará con varios «Comisionados de Transición» que se encargarán de los asuntos prácticos bajo la supervisión de los Comisionados de Transición.

La Comisión de Transición asumirá una vez que tenga plenos poderes, basándose en la «Declaración Revolucionaria» de la Asamblea General, y gobernará mediante ordenanzas especiales con la misma fuerza que las leyes. Este sistema puede denominarse «sistema transitorio de poder concentrado».

En resumen, se trata de una suspensión temporal de la democracia. Pero no hay motivo para temer. En la mayoría de las revoluciones, es inevitable que exista un período como este durante la transición inicial.

Cabe mencionar que se establecerá una Convención Provisional de los comunes con características similares en cada localidad, y se formará un sistema transitorio de concentración en coordinación con la Asamblea General de la Convención de los Comunes. El presidente de la Convención Provisional de los Comunes local dirigirá el proceso de transición como jefe local de facto.


3.3. Diferencia con la «dictadura del proletariado»

En la teoría revolucionaria marxista, el término «dictadura del proletariado» se ha definido tradicionalmente como un concepto que alude al sistema político durante el período de transición posterior a la revolución proletaria hasta la transición a una sociedad comunista, pero su contenido ha sido ambiguo. Finalmente, fue reemplazado por «dictadura del Partido Comunista».

Nuestro sistema de concentración transitoria podría ser visto como una repetición de dicho concepto, pero no es así. Se trata, más bien, de un sistema de administración a corto plazo, estrictamente limitado al período de transición. Por lo tanto, no puede ni debe existir el ejercicio arbitrario del poder que implica la palabra «dictadura».

Sin embargo, con la abolición de la constitución vigente, el gobierno constitucional quedará suspendido temporalmente, y el órgano representativo nacional solo existirá en forma de una Asamblea General provisional de la Convención de los Comunes, por lo que la administración basada en la ley también quedará suspendida. Sin embargo, las ordenanzas especiales de la Comisión de Transición deben ser aprobadas por la Asamblea General, salvo las órdenes urgentes (ordenanzas de emergencia), para evitar su abuso de poder.

En cualquier caso, un sistema de concentración transitorio de este tipo solo puede ser de corta duración, y huelga decir que es necesario impulsar la transición a un sistema constitucional lo antes posible para evitar que se prolongue innecesariamente.



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jueves, 21 de mayo de 2026

Sobre el comunismo:Página55

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Capítulo 9: EL PROCESO DE LA REVOLUCIÓN DESARMADA

2. Establecer contrapoderes.

2.5. Revolución Comunista contra el Partido Comunista

En este artículo, abogamos por una revolución comunista popular directa, independiente del Partido Comunista. Sin embargo, este argumento se basa principalmente en países donde el Partido Comunista no está en el poder. En el mundo postsoviético, la mayoría de los países no tienen partidos comunistas en el poder, por lo que este argumento es válido para la mayoría.

No obstante, al momento de escribir este artículo, algunos países aún están gobernados por un único Partido Comunista. Aun suponiendo que el sistema controlado por el Partido Comunista se mantenga por el momento, ¿qué tipo de "revolución comunista popular directa, independiente del Partido Comunista", podría ocurrir en estos países?

En resumen, se trata de una "revolución comunista contra el Partido Comunista". Esta afirmación puede sonar paradójica, pero en realidad, a pesar del nombre del partido, el Partido Comunista en los países actualmente bajo su control, incluyendo China, ha abandonado en gran medida el comunismo y ha incorporado principios de economía de mercado, lo que implica, en la práctica, una transición al capitalismo.

En otras palabras, se trata de un caso de "capitalismo liderado por el Partido Comunista". Mientras continúe por este camino tortuoso, se puede argumentar que el Partido Comunista establecido se ha distanciado del comunismo y, en ese sentido, la "revolución comunista contra el Partido Comunista" ya no es una paradoja.


2.6. ¿Disolución voluntaria del Partido Comunista?

Sin embargo, mientras el Partido Comunista siga siendo un partido comunista, la posibilidad de retomar la senda comunista original y construir una sociedad comunista liderada por el Partido Comunista no ha desaparecido. Lo que recordamos aquí es el proceso de revolución comunista que Marx (y Engels) expusieron en el Manifiesto Comunista. Lo citaré a continuación:

...Si el proletariado inevitablemente se une en una clase en su lucha contra la burguesía, se convierte en la clase dominante mediante la revolución, y a medida que la clase dominante suprime poderosamente las antiguas relaciones de producción, entonces estas relaciones de producción serán abolidas. Con la abolición, el proletariado suprime la condición de antagonismo de clases, la existencia de clases en general y, por lo tanto, su propia dominación como clase.

La "dominación propia como clase" aquí no es lo mismo que la "dominación del Partido Comunista", pero incluso si la entendemos de esta última manera, según Marx, el Partido Comunista debía disolverse voluntariamente una vez que lograra abolir las antiguas relaciones de producción (relaciones de producción capitalistas).

Sin embargo, el Partido Comunista establecido no ha seguido este camino; por el contrario, se ha adaptado a las antiguas relaciones de producción (relaciones de producción capitalistas) y ahora se encuentra a la vanguardia de la fusión con el capitalismo. Por lo tanto, no hay esperanza de una disolución voluntaria del Partido Comunista.


2.7. No fue una revolución anticomunista

Cabe señalar que una "revolución comunista contra el Partido Comunista" no es lo mismo que una "revolución contra el Partido Comunista". En el proceso que va desde las llamadas revoluciones de Europa del Este hasta la disolución de la Unión Soviética a finales del siglo XX, se produjeron sucesivamente levantamientos populares contra el sistema controlado por el Partido Comunista, representado por la Unión Soviética, en países de Europa del Este y soviéticos, aunque en distintos grados y formas, lo que condujo al colapso del sistema.

Dado que esta revolución se basó en la represión política del Partido Comunista de la Unión Soviética y el fracaso del sistema colectivista, adquirió las características de una "revolución contra el Partido Comunista". Los países de Europa del Este y la antigua Unión Soviética siguieron el camino de la economía de mercado y el capitalismo, que perdura hasta nuestros días. En definitiva, las revoluciones de Europa del Este convergieron en revoluciones reaccionarias que hicieron retroceder el curso de la historia, y no se convirtieron en revoluciones progresistas destinadas a crear una sociedad verdaderamente comunista. 

La "revolución comunista contra el Partido Comunista" no es una revolución reaccionaria, sino una revolución progresista, por lo que no se limita a atacar y desmantelar el sistema establecido del Partido Comunista.


2.8. La Convención de los Comunes como un verdadero soviet

La «revolución comunista contra el Partido Comunista» también utiliza la Convención de los Comunes como base para crear una situación de contrapoder. Sin embargo, la relación con el Partido Comunista gobernante no es de simple hostilidad, sino de coexistencia o inmanencia. En otras palabras, se desarrolla de forma parasitaria dentro del Partido Comunista.

De hecho, incluso en la época de la Revolución Rusa, el pueblo formó soviets (consejos) para oponerse al parlamento establecido de la Rusia imperial, pero a medida que avanzaba la revolución, estos soviets populares fueron controlados por los bolcheviques y luego por el Partido Comunista, y se convirtieron en su órgano de ratificación. El término «soviético» en el nombre del país, la Unión Soviética, terminó siendo solo una fachada.

Para evitar que se repita esta amarga historia, las Convenciones de los Comunes deben crecer como una fuerza parasitaria sin ser absorbidas por el Partido Comunista. En otras palabras, las Convenciones de los Comunes son el verdadero Soviet.

Aunque no sea una buena analogía, las Convenciones de los Comunes se nutren del Partido Comunista desde dentro, del mismo modo que un parásito real extrae nutrientes de su huésped. El proceso revolucionario ideal sería lo opuesto a la Revolución Rusa, en la que las Convenciones de los Comunes se apoderarían del Partido Comunista y lo llevarían a su disolución.

Sin embargo, las autoridades del Partido Comunista, preocupadas por esta posibilidad, podrían intentar eliminar las Convenciones de los Comunes como si se tratara de exterminar parásitos, y en ese caso, no tendrían más remedio que externalizarlas formando una Convención de los Comunes en el exilio.



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domingo, 3 de mayo de 2026

Sobre el comunismo:Página54

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Capítulo 9: EL PROCESO DE LA REVOLUCIÓN DESARMADA

2. Establecer contrapoderes.

2.1. Prerrevolución

En el proceso revolucionario, el punto culminante del colapso del antiguo régimen y el establecimiento de un régimen revolucionario no surge repentinamente, sino que existe una etapa preliminar (prerrevolución) que conduce a ese punto. En otras palabras, se trata de una situación en la que el sistema de gobierno aún vigente y un sistema inacabado que sirve de marco al sistema revolucionario coexisten y compiten entre sí. Esto se denomina "situación de contrapoderes".

Esta situación comenzará oficialmente cuando la Convención Mundial de los Comunes promulgue el proyecto de Carta de la Mancomunidad Mundial y declare su establecimiento provisional. En respuesta a esto, una vez completada la formación y el desarrollo de las Convenciones de los Comunes en cada región de cada país, se creará algún tipo de contrapoder primordial en esa etapa. Esto se debe a que cada Convención de los Comunes está destinada a convertirse en el órgano de gobierno oficial después de la revolución.

Sin embargo, para crear una situación de contrapoder, es necesario que un amplio sector de la población reconozca la legitimidad democrática de las Convenciones de los Comunes y que se genere un movimiento popular que exija la importancia de la revolución y la participación en la abstención colectiva. Debo admitir con franqueza que esto es realmente difícil.

En primer lugar, para que la gente reconozca que la Convención de los Comunes es la institución política que realmente representa a la mayoría, la clave reside en si la Convención puede lograr la superioridad numérica necesaria para afirmar que representa a la mayoría, incluyendo a los posibles simpatizantes.

Además, un logro importante de la Convencion de los Comunes durante la etapa preliminar de la revolución son sus actividades contralegislativas. En particular, el establecimiento de una carta que serviría como el estándar más alto después de la revolución. Asimismo, es necesario preparar un sistema para una economía planificada ambientalmente sostenible que no dependa de una economía monetaria ni de otras leyes fundamentales importantes durante la etapa revolucionaria.


2.2. Implementación del no-voto colectivo

Después de todo, la tarea técnicamente más difícil es organizar el no-voto colectivo, que constituye el núcleo de una revolución no armada. Como se mencionó anteriormente, el número mínimo de votos requerido para ganar una elección pública está fijado intencionalmente muy bajo por ley, por lo que incluso una ligera disminución en la tasa de abstención no afectará la validez legal de la elección.

Por lo tanto, es necesario organizar abstenciones hasta el punto de invalidar legalmente la elección, pero ¿es esto realmente posible? Este es un desafío sin precedentes en la historia mundial.

Si bien en teoría es posible llevar a cabo uno no-voto colectivo que invalide por completo todas las elecciones públicas, en la práctica podría no ser factible. Sin embargo, incluso si las elecciones públicas con una participación extremadamente baja son legalmente válidas, pierden legitimidad política.

En tal situación, existe la posibilidad de que las Convenciones de los Comunes lideren la revolución hacia el éxito con el apoyo de acciones populares como las manifestaciones callejeras. Por lo tanto, como se analizó en el capítulo anterior, el método revolucionario del no-voto colectivo no garantiza el éxito por sí solo, sino que, según el momento y la situación de cada país, puede combinarse con métodos como los levantamientos populares.

Para evitar una situación revolucionaria, los países establecidos podrían introducir sistemas de voto obligatorio o endurecer las sanciones para los sistemas ya existentes. En este caso, sería necesario organizar un movimiento de desobediencia civil para abstenerse por convicción y sin temor a represalias.

Cuanto mayor sea el número de abstencionistas, más difícil será para la policía y otros organismos controlar la abstención, por lo que resulta fundamental llevar a cabo campañas de sensibilización pública para aumentar la participación.


2.3. La abstención como derecho político

El obstáculo para la implementación de la abstención colectiva radica en la idea de que abstenerse se considera un abandono del deber cívico. De hecho, según la sabiduría de la ciencia política burguesa occidental, popularizada en todo el mundo, el voto es un derecho sagrado, y es a través de él que podemos forjar un futuro de esperanza. Abstenerse se consideraría una insensatez y un abandono del deber como votante.

Sin embargo, es posible distinguir entre el «no-voto por inercia», debida simplemente a la apatía política, y el «no-voto revolucionario», que constituye una expresión más activa de la intención de impulsar la revolución. Es evidente que la abstención, como nuevo método de revolución pacífica, no es «abstención perezosa», sino «abstención revolucionaria».

La Convención de los Comunes, precursora de la revolución, debe difundir eficazmente esta nueva idea de la abstención como derecho político (abstención revolucionaria) por todo el mundo; de lo contrario, no habrá revolución pacífica.


2.4. Establecimiento de la situación de contrapoder

En cualquier caso, a medida que aumente el índice de abstención en todas las elecciones públicas y se socave la legitimidad del parlamento y el gobierno establecidos, la gente perderá la fe en el parlamento y el gobierno establecidos, que han perdido la capacidad de afrontar las limitaciones cada vez más evidentes del capitalismo, y comenzará a darse cuenta de que la Convención de los Comunes es nuestro verdadero órgano de representación política. Como resultado, se producirá un no-voto colectivo final, un acto de total desconfianza en el parlamento y el gobierno establecidos, que provocará su fracaso.

Esto no significa que la revolución haya concluido, sino que se ha establecido la situación de contrapoder, como prerrevolucionaria, y que finalmente podemos situarnos en el punto de partida de la revolución.

En muchos países, se han previsto disposiciones constitucionales para garantizar que no se cree un vacío de poder, permitiendo que el gobierno anterior continúe o nombrando un gobierno sustituto, a menos que se forme un nuevo gobierno por algún motivo tras las elecciones. Aunque no se forme un nuevo gobierno debido a el no-voto colectivo, existe un sistema que permite que el antiguo régimen se mantenga legalmente en el poder.

Es previsible que, en la mayoría de los casos, el antiguo régimen restante se niegue a transferir el poder a la Convención de los Comunes y haga todo lo posible por impedir el establecimiento de una administración revolucionaria. Por lo tanto, debemos considerar el proceso que va más allá de eso.



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domingo, 12 de abril de 2026

Sobre el comunismo:Página53

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Capítulo 9: EL PROCESO DE LA REVOLUCIÓN DESARMADA

Una sociedad comunista puede lograrse mediante la revolución desarmada del pueblo. Un medio poderoso para conseguirlo es el no-voto colectivo, como se mencionó anteriormente. ¿Cuál es, entonces, el proceso específico?



1. Determinar el momento oportuno para la revolución.

1.1. Continuación del sufrimiento social

En este capítulo, consideraré un proceso que podría servir de modelo para una posible revolución, centrándome en el otro método revolucionario analizado en el capítulo anterior: la revolución basada en el no-voto colectivo. El primer obstáculo es determinar el momento oportuno para la revolución.

Si bien una revolución no tiene lugar en una fecha fija como un golpe de Estado, tampoco estalla repentinamente un día como un gran terremoto. Existe un momento en que una revolución está lista. En particular, las revoluciones basadas en el no-voto colectivo se diferencian de las revoluciones por levantamiento popular, que a menudo se desencadenan por manifestaciones espontáneas, y el momento oportuno es crucial. Entonces, ¿cuál es el momento oportuno?

En primer lugar, es necesario que muchas personas reconozcan claramente las limitaciones del capitalismo. Esto implica que el temor a no poder seguir viviendo bajo este sistema adquiere una urgencia real.

Sin embargo, una repentina Gran Depresión no conducirá inmediatamente a una revolución. Históricamente, la Gran Depresión que comenzó en 1929 no provocó revoluciones, no solo en su epicentro, Estados Unidos, sino también en Europa, Asia y otros países.

En medio de una crisis económica repentina, las masas pueden soportar la pobreza temporal y sentir que el sol volverá a salir una vez que pase la tormenta, por lo que no surge la voluntad de acabar con el capitalismo mediante una revolución. Como se afirma en la Declaración de Independencia de Estados Unidos: «La humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean soportables, que a corregirlos aboliendo las formas a las que está acostumbrada».

Por lo tanto, el momento oportuno para una revolución sería cuando se establezca una situación de sufrimiento continuo e insoportable. En concreto, este sufrimiento social, que también debería denominarse sufrimiento capitalista, no se limita a la ansiedad generalizada por la alimentación y la vivienda derivada del empeoramiento de la crisis ambiental, sino que abarca condiciones crónicas como la constante inseguridad vital por la inestabilidad laboral y la precariedad de las pensiones, la desintegración de las comunidades locales y la ruptura familiar debido a la progresiva pérdida de la sociabilidad humana, y el aumento de la delincuencia a causa de estos factores.

Por otro lado, si la política parlamentaria establecida (o la política electoral en general) es incapaz de adoptar medidas eficaces y adecuadas para afrontar estas crisis crónicas, y si la situación persiste sin medidas, la paciencia de la población llegará a su límite. Cuando estas condiciones sean prácticamente inevitables, se podrá afirmar que se avecina una revolución.


1.2. La era del capitalismo tardío

Entonces, ¿cuándo comenzará exactamente la revolución? En este sentido, el actual "capitalismo global" en expansión está adquiriendo las características de una "economía tsunami", en la que una crisis económica y financiera en un país se propaga por todo el mundo. También es necesario considerar el estancamiento de la actividad económica causado por fenómenos naturales como condiciones climáticas extremas, grandes desastres y enfermedades infecciosas, que pueden desencadenar una recesión económica global.

Además, incluso si la economía entra en una fase de auge/crecimiento durante un tiempo, las empresas de capital se prepararán para imprevistos y se esforzarán por ahorrar en costos de personal más que nunca (explotación preventiva), lo que resultará en una "recuperación económica (estable)/crecimiento económico sin empleo". Existe una alta probabilidad de que esto ocurra. En ese caso, el fenómeno paradójico de la "vida difícil en una economía en auge" se vuelve bastante normal.

El "capitalismo global" desestabilizará el sistema económico mundial, y los límites del capitalismo quedarán claramente expuestos en cada país del mundo, cada uno a su manera. Desde esta perspectiva, podemos diagnosticar que el capitalismo ya ha entrado en una fase avanzada de sufrimiento sostenido, como se describió anteriormente, si no en una etapa apocalíptica.


1.3. El momento de formar la Convención de los Comunes

De ser así, se puede afirmar que el impulso para el establecimiento de la Convención Mundial de los Comunes como organización de un movimiento revolucionario, tal como se propuso en el capítulo anterior, está llegando. La estructura básica de esta organización se describió en el capítulo anterior, por lo que no la repetiré.

Lo que quisiera resumir aquí es que la nueva revolución comunista del siglo XXI (y más allá) será una serie global de revoluciones que comienza con la formación de la Convención Mundial de los Comunes, se completa con las Convenciones de los Comunes a nivel nacional y culmina con la creación de la Mancomunidad Mundial. El objetivo de este capítulo es profundizar en los detalles de ese proceso.



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miércoles, 25 de marzo de 2026

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Capítulo 8: NUEVO MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

4. Comencemos con la revolución de la conciencia.

4.1. La ilusión de la «felicidad»

Si algo se interpone en el camino de la revolución hoy en día, no es la policía ni el ejército, sino las masas, nuestra propia conciencia. En otras palabras, como dijo Marx anteriormente, con el desarrollo del capitalismo, las masas en los países capitalistas, incluyendo la clase trabajadora, han llegado a aceptar el capitalismo como una «ley natural evidente».

Marx buscaba la causa de esto en los efectos de la «educación, la tradición y la costumbre», pero en la actualidad se cree que no solo eso, sino también la estrategia cultural más agresiva del capitalismo, ejerce un poderoso efecto.

En este sentido, el papel del imperio cultural de los medios de comunicación es significativo. Los medios de comunicación en los países capitalistas adoctrinan diariamente a la población con el capitalismo como un sistema evidente y difunden la doctrina de que «no hay otra vía que el capitalismo» (el llamado «fin de la ideología»).

Pero aún más poderosa es la cultura del consumo. Como se señaló en el Capítulo 1, este es también el ámbito donde el capitalismo triunfó sobre el colectivismo representado por la antigua Unión Soviética, y constituye su especialidad. Una rica cultura de consumo invita a las masas a comprar en lugar de a la revolución. Nos sentimos felices rodeados de una variedad de bienes, creyendo que ya no estamos alienados. Como resultado, la conciencia de clase se borra de la clase trabajadora.

Esta ilusión sociopsicológica de "felicidad", creada por las estrategias culturales capitalistas —lo que el sociólogo marxista francés Henri Lefebvre denominó "alienación generalizada"— es también un factor subjetivo que invalida de hecho el término "clase trabajadora".

Para que la revolución se concrete, es necesario comenzar con una revolución de la conciencia para escapar de esta ilusión. ¡Revolución en lugar de compras! Aquí recordamos la proposición que vimos en el Capítulo 3: "el consumo también es una explotación del capital a la par con el trabajo". En otras palabras, En otras palabras, el consumo es un gasto. Esto significa que el capital extrae el contenido de nuestros bolsillos como si fuera sangre fresca cada día.


4.2. Posibilidad de revolución de la tercera edad

En relación con la revolución de la conciencia, surge la pregunta de si el envejecimiento progresivo de la población de los países capitalistas desarrollados constituirá un factor negativo para la revolución.

Es cierto que las revoluciones suelen ser acciones políticas de jóvenes en la plenitud de su vida, y todos los revolucionarios históricos fueron jóvenes, al menos en el momento de la revolución. La rigidez mental que acompaña al envejecimiento tiende a vincularse políticamente con el conservadurismo. Se cree que esta es una de las razones por las que los movimientos revolucionarios están en declive y las fuerzas conservadoras crecen en los países capitalistas avanzados con una población envejecida.

Sin embargo, el conservadurismo de la conciencia no es un fenómeno exclusivo de la tercera edad en la actualidad. De hecho, podría decirse que los jóvenes que han estado completamente aislados de estos movimientos y que han perdido su conciencia política son incluso más conformistas que las personas mayores que vivieron movimientos obreros radicales y revolucionarios en el pasado.

No obstante, la creciente ansiedad por el empleo y las pensiones hará que la vejez de la actual generación joven y de mediana edad sea más difícil. Si bien reconstruir la vida es difícil, los recursos financieros de asistencia social se agotarán y la ansiedad vital alcanzará su punto máximo. Hay buenas razones para predecir que, cuando la generación actual de jóvenes adultos llegue a la vejez, su conciencia probablemente se despertará más en medio de las dificultades de la vida. Lo que se vislumbra más allá es la posibilidad de una "revolución de los ancianos" sin precedentes.

Tradicionalmente, el patrón de envejecimiento conservador ha sido que la conciencia revolucionaria de la juventud se debilita a medida que uno envejece, se adapta y se integra a la sociedad existente, y finalmente retrocede hasta el punto de negar por completo la conciencia revolucionaria del pasado. Sin embargo, a partir de ahora, un patrón de envejecimiento radical podría volverse común, donde la conciencia relajada y conformista de la juventud se radicaliza a medida que uno envejece y se desvincula de la sociedad existente, hasta alcanzar finalmente una conciencia revolucionaria.

En este sentido, no se puede concluir que el envejecimiento de la población sea un factor negativo para la revolución; De hecho, incluso podría ser un factor positivo en una situación donde las limitaciones del capitalismo impactarán directamente a la sociedad envejecida del futuro. Además, el método de la «revolución desde casa», basado en el no- voto colectivo, resulta fácil de aplicar para las personas mayores con movilidad reducida.


4.3. Estrategia de transformación cultural

Aun así, ¿dónde y cómo debemos comenzar esta revolución de la conciencia? El primer paso hacia una revolución de la conciencia depende de cuán profundamente tomemos conciencia de las limitaciones del capitalismo.

Como se analizó en el Capítulo 1, las limitaciones del capitalismo se definen como crisis en cuatro áreas: sostenibilidad ambiental, innovación tecnológica total, estabilidad de la vida y sociabilidad humana. El problema radicaba en la imposibilidad de resolver los siguientes problemas: «el medio ambiente global no es sostenible», «la innovación tecnológica está estancada», «la ansiedad por el estilo de vida va en aumento» y «la humanidad se está deteriorando».

Sin embargo, no nos convencemos fácilmente con meras disertaciones abstractas sobre estos temas. Por lo tanto, es precisamente en casos como este donde deben aunarse las fuerzas creativas de la literatura, el teatro, el cine, etc. Esto se debe a que las obras creativas que profundizan en el problema de las limitaciones del capitalismo tienen más probabilidades de ser efectivas que mil sermones.

De hecho, parece que la literatura proletaria, las obras épicas de Brecht y las comedias de Chaplin del pasado poseían tal poder, pero sus sucesores parecen haber desaparecido en algún momento. Una vez más, el problema de la ley del valor comercial y la censura de mercado basada en ella se interpone en el camino. Hoy en día, la literatura, el teatro y el cine también están sujetos a la ley del valor comercial, y la realidad es que existe una notable tendencia a que los creadores se conviertan en fabricantes de productos llamados novelas, obras de teatro, etc. películas.

Una vez más, el uso de los bienes comunes de Internet puede ser la solución. El Movimiento de la Convención de los Comunes también debería apoyar diversas actividades creativas anticapitalistas. En concreto, es posible ofrecer la oportunidad de presentar obras en el sitio web oficial de la Convención de los Comunes y, de ser posible, la propia Convención podría tener una emisora ​​de radio/televisión por Internet y proporcionar un espacio para la difusión de dichas obras.

Además de los medios tradicionales de expresión creativa descritos anteriormente, los medios de expresión modernos, como el manga y la animación, también tienen la ventaja de ser accesibles y se consideran para su uso. Esta estrategia, que genera un cambio en el ámbito cultural y promueve una revolución de la conciencia, puede denominarse «estrategia de transformación cultural».


4.4. Personas culturales orgánicas

Las personas culturales que lideran estas estrategias de transformación cultural pueden definirse como «personas culturales orgánicas», ampliando el término «intelectuales orgánicos» del pensador marxista italiano Antonio Gramsci.

Dado que el concepto de «intelectual orgánico» de Gramsci a menudo se malinterpreta, estas «personas culturales orgánicas» no son «promotores de la cultura del partido (comunista)», sino que se refieren a aquellas personas que surgen de entre el pueblo y desempeñan el papel de promover una revolución en la conciencia a través de actividades creativas libres, al tiempo que mantienen un vínculo orgánico con el pueblo. 

Por cierto, aunque Chaplin no encajara directamente en la categoría de «persona cultural orgánica» en este sentido, su talento para la comedia satírica, acompañada de una aguda crítica, era completamente distinto al de la comedia comercial. Su talento para la comedia satírica, unido a su agudo poder crítico, parecía tener el potencial de generar un efecto revolucionario totalmente diferente al de la comedia comercial. Asimismo, en una estrategia de transformación cultural, el poder de la risa crítica de calidad, combinado con el entretenimiento al estilo Chaplin, resultaría muy eficaz.



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lunes, 2 de marzo de 2026

Sobre el comunismo:Página51

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Capítulo 8: NUEVO MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

3. Hazlo de forma diferente al Partido Comunista.

3.4. Alianza flexible

He mencionado que la Convención de los Comunes prerrevolucionaria es una organización descentralizada tipo red sin un liderazgo central. Sin embargo, estas organizaciones tipo red tienden a tener una membresía demasiado flexible y se convierten fácilmente en actividades de tipo club.

Por lo tanto, la membresía de la Convención de los Comunes prerrevolucionaria está organizada de forma bastante estricta, y solo quienes hayan aceptado todos los artículos del Pacto de la Convención de los Comunes, que constituye la constitución de la misma, pueden ser miembros.

Estos miembros del pacto están obligados a pagar gastos operativos iguales o superiores al monto mínimo especificado en el acuerdo una vez al año.

Además de los miembros del Comité de Enlace Central (o Federal), los miembros de los Comités de Enlace de las Convenciones de los Comunes locales son elegidos por sorteo entre los miembros de la alianza (en el caso de las Convenciones de los Comunes a nivel local, deben ser residentes de la jurisdicción) por un período de aproximadamente dos años.

De esta manera, al implementar un sistema de rotación de puestos dentro de la organización mediante un sistema de lotería, se evita que los miembros de la dirección se conviertan en fijos y creen una burocracia interna autoritaria, como ocurre en las organizaciones del Partido Comunista.

Además, los delegados a la asamblea general con derecho a asistir a la asamblea general de la Convención de los Comunes son elegidos entre los miembros del Comité de Enlace de la Convención de los Comunes provincial (o cuasi-zonal) y regional. Además, un número determinado de miembros generales puede participar en la asamblea general por orden de llegada.

Aunque el número de estos miembros de la alianza principal será limitado en cierta medida, no se realizarán las llamadas actividades de organización, como la captación de miembros del partido. En su lugar, los empleados a tiempo completo realizarán actividades de inspiración a través de internet y se centrarán en la difusión de simpatizantes externos voluntarios.

La membresía y la organización de la Convención de los Comunes no son en absoluto circulares, pero tampoco representan una "unidad férrea" al estilo del Partido Comunista. Con un número limitado de miembros del pacto como núcleo, estará compuesta por un gran número de simpatizantes voluntarios que formarán una extensión, y será una organización similar a una ameba que podría describirse como una "alianza flexible".


3.5. Fusión de rojo y verde

La Convención de los Comunes prerrevolucionaria difiere ideológicamente del Partido Comunista en que internaliza la ecología. Esto también se refleja en el nuevo método de economía planificada que se implementará tras la revolución, denominado economía planificada sostenible, que vimos en el Capítulo 2.

En este sentido, cabe recordar que desde la disolución de la Unión Soviética, partidos ecologistas como el Partido Verde han surgido principalmente en Europa en respuesta al aumento sin precedentes del interés por los problemas ambientales globales.

Sin embargo, el Partido Verde generalmente tiene una visión negativa del comunismo y solo aboga por un endurecimiento de las regulaciones ambientales dentro del marco del capitalismo, sin intentar cambiar fundamentalmente el modo de producción. En este sentido, su postura termina siendo la de un "capitalismo verde", que simplemente tiñe de verde al capitalismo.

Esto solo resultará en que el capital se utilice para perseguir estrategias oportunistas de lucro, como los econegocios. Un ejemplo simbólico de esto es la política de exportación de energía nuclear, que promueve medidas contra el calentamiento global como su justificación. Sin embargo, el "capitalismo verde" no puede, en esencia, criticar las prácticas ecooportunistas del capital.

Por otro lado, los sindicatos tienden a unir fuerzas con la gerencia para oponerse a las regulaciones ambientales, temiendo que una disminución de la producción o un aumento de los costos de producción debido a regulaciones ambientales más estrictas resulten en despidos. El Partido Comunista, que demuestra comprender la postura del sindicato, probablemente también adopte una postura antiecológica, en parte debido a su recelo ante el ascenso del Partido Verde.

La Convención de los Comunes, prerrevolucionaria, busca redefinir un nuevo comunismo que internalice la ecología, que se sitúa entre el "capitalismo verde" anticomunista y la "antiecología" comunista.

El color tradicional del comunismo ha sido el rojo. Dado que la Convención de los Comunes, antes de la revolución, también aspiraba al comunismo, está bien usar el rojo como color base, pero añadirle verde. Sin embargo, no debería ser simplemente un bicolor de rojo y verde, sino algo así como un arabesco, una fusión de rojo y verde en una dimensión profunda.


3.6. Movimiento colectivo de no-voto

La principal actividad de la Convención de los Comunes prerrevolucionaria fue, en primer lugar, el desarrollo de un movimiento colectivo de abstención electoral, que se convertiría en un nuevo método de movimiento revolucionario. En otras palabras, con la Convención Mundial de los Comunes como base, y mediante la colaboración de las convenciones de bienes comunes de cada país, se aumentará gradualmente el número de abstenciones en las elecciones a diversos cargos públicos, se socavará la legitimidad de los parlamentos y gobiernos existentes y se llegará a una revolución final.  

Cabe destacar aquí los movimientos en países donde el voto es obligatorio con sanciones. En este caso, la abstención se consideraría un delito. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de una falta sancionable con multa y no se aplica estrictamente, pero si la abstención se castiga severamente, se convierte en una forma de desobediencia de conciencia.

Por otro lado, en países donde aún no existen sistemas de elección de cargos públicos, o incluso si existen, donde las elecciones se han convertido en una mera formalidad debido al régimen unipartidista, las campañas colectivas de abstención electoral no pueden desarrollarse eficazmente. En tal caso, la Convención de los Comunes debería centrarse en las actividades contralegislativas mencionadas en el párrafo siguiente, en lugar del movimiento de abstención, o, si esto resulta difícil, la Convención de los Comunes en el exilio debería formarse en el extranjero.

Por cierto, los movimientos de la Convención de los Comunes en países donde los partidos comunistas han establecido sistemas unipartidistas parecen a primera vista un acto contradictorio de "comunismo contra comunismo", pero existen discrepancias entre el comunismo partidista de los partidos comunistas establecidos y el comunismo de las Convenciones de los Comunes, por lo que "comunismo contra comunismo" no es una contradicción.

En este caso, en lugar de atacar al Partido Comunista dictatorial externamente desde un punto de vista anticomunista, se desarrolla un movimiento para contrarrestarlo internamente con una forma nueva y redefinida de comunismo.


3.7. Actividades contralegislativas

El segundo pilar de las actividades de la Convención de los Comunes prerrevolucionaria son las actividades contralegislativas. Es decir, las actividades contralegislativas son actividades legislativas llevadas a cabo por la Convención de los Comunes en oposición a un órgano legislativo existente. Por supuesto, cuando se menciona "legislación", en la etapa prerrevolucionaria, sigue siendo un programa privado sin efecto como ley regular, pero una vez completada la revolución, se convierte en ley oficial; por así decirlo, es la crisálida de la ley.

En el centro de todo esto se encuentra la Carta. Una carta es el estándar más alto equivalente a una constitución en términos del sistema jurídico nacional existente, y prácticamente puede llamarse constitución. Como ya se mencionó, el comunismo no presupone un estado soberano, por lo que la constitución, que es el estándar más alto de la sociedad, se presenta en forma de carta (la Carta de la Convención de los Comunes).

Estas Cartas utilizan la Carta de la Convención Mundial de los Bienes Comunes, que también sirve como Carta de la Mancomunidad Mundial, como fuente unificada de derecho, y cada Carta de la Convención de los Bienes Comunes se promulga. De esta manera, las Cartas se promulgan en múltiples niveles para cada ámbito, formando una red de Cartas.

Además de la promulgación de la Carta, la promulgación de legislación económica relacionada con el mecanismo de una economía planificada sostenible también constituye una importante actividad contralegislativa de la Convención de los Bienes Comunes preevolucionaria. Para evitar la agitación económica y social posrevolucionaria, es indispensable una cuidadosa preparación prerrevolucionaria, ya que la abolición de la economía monetaria es una empresa de gran envergadura en la historia de la humanidad.


3.8. Abstención de convertirse en un partido político

Más allá de los dos pilares de actividad mencionados, cabe preguntarse si la Convención de los Comunes prerrevolucionaria también debería participar en actividades propias de un partido político, como la participación en elecciones.

Si bien coincidimos en esencia con la orientación de la Convención de los Comunes, que aspira a un nuevo comunismo, si el capitalismo tiene una fuerte vitalidad y no se derrumba fácilmente por sí solo, cabe recomendar, con cautela, que busquemos posibles reformas mediante elecciones dentro del marco del capitalismo.

Sin embargo, la Convención de los Comunes prerrevolucionaria no debe convertirse en un partido político ni en una organización política similar. Se trata de un cambio radical con respecto al Partido Comunista establecido. 

Como se mencionó anteriormente, en el mundo postsoviético, muchos de los partidos comunistas restantes participan en las elecciones parlamentarias y obtienen un cierto número de escaños. Al mismo tiempo, la mayoría ha abandonado la revolución comunista y se ha adaptado al capitalismo, ya que sería difícil obtener y conservar escaños de no hacerlo. 

Esto también se debe a que el sistema parlamentario burgués obliga a todos los partidos parlamentarios, incluido el Partido Comunista, a asimilarse al capitalismo como condición implícita para conservar sus escaños. Como resultado, el significado del término "comunismo" se desvanece y se convierte en un nombre nominal. Carecería de sentido que la Convención de los Comunes prerrevolucionaria siguiera el mismo camino que los demás partidos comunistas. Por lo tanto, se le debe prohibir estrictamente a la Convención de los Comunes prerrevolucionaria convertirse en un partido político y participar en las elecciones.

En definitiva, la Convención de los Comunes prerrevolucionaria no es un partido político ni una organización clandestina, pero debe mantener su carácter de organización de movimiento abierto que se convertirá en una organización de gobierno oficial después de la revolución.


3.9. Actividades de trueque de ayuda mutua

La Convención de los Comunes prerrevolucionaria es un movimiento revolucionario que rechaza los elementos de club y trabaja por el noble objetivo de establecer una sociedad comunista. Para sostener un movimiento tan noble, es poco probable que las actividades políticas por sí solas puedan mantener la organización sin dificultades. También debe proporcionar beneficios económicos a sus miembros.

Por lo tanto, además de la actividad política, sería beneficioso para la Convención de los Comunes prerrevolucionaria comenzar a formar redes de trueque entre sus miembros como preparación para la economía planificada posrevolucionaria, que ya no se basará en el sistema monetario. Esto también podría considerarse una actividad de ayuda mutua orientada al bienestar, ya que implica el intercambio de artículos de primera necesidad y la prestación de apoyo mutuo.

Estas actividades de trueque de ayuda mutua también pueden ser socialmente significativas como un movimiento de apoyo a las personas empobrecidas fuera de la organización, lo que podría servir como motor para obtener reconocimiento social para la Convención de los Comunes y ayudarla a permear la sociedad.



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